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La Coctelera

nan

"La experiencia completa residía en un beso y un paseo, la previsión de la cena y un libro"

10 Octubre 2005

Mi gran paradoja

Justo antes de conocerte di por concluida una de mis más célebres crisis existenciales. Que estas se vinieran sucediendo, cíclicamente, desde que cumpliera los diez años, no era nada nuevo. Es más, era lo esperado. Lejos de esto, lo inesperado fue encontrarme de golpe y porrazo liberada de mis périódicas tribulaciones. Eso sí me consternó. Antes, había llegado yo a la autosatisfactoria conclusión de que, bien mirado, la inestabilidad programada -tal era la mía al cabo de tantos años- me procuraba, sorprendentemente, una situación tremendamente estable. Era lo que yo conocía como "mi gran paradoja".
Algo me pasaba y no pude ocultármelo por más tiempo: echaba de menos mis fantasmas, aquellos a los que culpaba de haberme convertido en una eterna insatisfecha, un espíritu atormentado, un personaje dostoyewskiano.
Mi nuevo estado me desconcertaba. Era feliz a secas. Estar contigo había resultado un bálsamo tan efectivo como inédito para mí. No conseguía relajarme. Tenía que haber truco. No podía dejarme sorprender.
Me llamaste:
-¿Por qué estás tan pensativa? ¿Pasa algo?
Yo garabateaba algo en un papel. Escribí: "Díselo, díselo. Ahora. Ya"
- Estoy preocupada. Te has cargado "mi gran paradoja"
- Oh, Bueno.. no sabía.. no sé cuando- la frase quedó suspendida por unos segundos. Empezaba a dudar del acierto de haberte confensado mis inseguridades tan pronto. Continuaste por fin.
- En cualquier caso, eso tiene arreglo.
- No creas- me idigné- Hasta que te conocí pensaba que era algo indestructible.
- Lo arreglaré.
- En fin, no estoy segura de que quiera que lo arregles.
- Tonterías. Dame una hora.

Esperé muy intrigada. ¿De qué manera podrías tú recomponer mi gran paradoja? Más aún , ¿habías entendido lo que esta significaba? ¿no deberías haber preguntado más? Tu seguridad me fascinaba. Me quedé sin palabras cuando por fin apareciste con aquel paquetito.
- Aunque no sé cómo me la cargué, Voilà: ¡¡Tu lámpara roja!!

Cuando salí de mi asombro fui a por mi agenda.
- a ver, lunes 22..
- ¿Qué haces?
- Dime, ¿Qué prefieres?. ¿Vas tú al otorrino o yo al logopeda?

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